ASCENDIÓ EL CÚCUTA DEPORTIVO:
La celebración estalló sin reservas. El estadio se llenó de abrazos, de gritos, de esas lágrimas que nacen cuando el alma por fin respira. Pero en cada una de esas lágrimas de felicidad viajaban, invisibles, las nuestras: las lágrimas de los hinchas del Deportes Quindío, que contemplamos cómo la primera división se aleja, como un tren que partió sin mirar atrás.
Ellos lloraron de júbilo; nosotros, de una pena antigua y cansada.
Ellos sufrieron con Cadena; nosotros seguimos padeciendo a Ángel.
Y así, de contraste en contraste, descubrimos que estamos peor que antes: el fútbol quindiano permanece cautivo, atrapado en manos que no sienten la tierra, que no aprecian ni los colores que dicen representar.
Nuestros jugadores, los nacidos en estas montañas que parecen eternas, no encuentran espacio en el equipo de su propia tierra. Las divisiones menores visten el escudo del Quindío, pero sus planteles están formados por jóvenes del Valle del Cauca, mientras los muchachos quindianos observan desde afuera, como si no pertenecieran al sueño que les corresponde.
Hernando Ángel suma ganancias; los hinchas cuyabros sumamos decepciones.
Él cuenta utilidades; nosotros contamos amarguras.
Él celebra balances; nosotros lloramos derrotas que no deberían existir.
Nos quedó grande recuperar al Deportes Quindío.
¿Dónde están los diputados?
¿Dónde los concejales de Armenia?
¿Dónde estamos nosotros, los que amamos este escudo?
Un silencio cómplice, y, quizás, cobarde, sigue enterrando las esperanzas de volver a primera. El fútbol del Quindío continúa secuestrado, mientras la afición observa cómo el tiempo se lleva, uno a uno, nuestros sueños, sin que nadie levante, de forma legal y firme, la bandera de su liberación.
LUIS FERNANDO PATIÑO FRANCO
Periodista Acord Quindio 061.
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